Se puede definir toda buena práctica como una acción o conjunto de acciones, que son eficaces, sistemáticas, eficientes, y sostenibles, y están pensadas y llevadas a cabo por los miembros de una organización con el apoyo de sus órganos de dirección. Una buena práctica se refiere siempre a hechos, no a intenciones.

Éstos hechos, como veremos a lo largo del estudio “Buenas prácticas empresariales para la proyección internacional de Madrid” podrán ser de distinta naturaleza, pero se caracterizan por poder ser expuestos a otros, ser evidenciables, y en definitiva, por ser importantes para la misión de la empresa.

Las buenas prácticas descritas en este estudio han sido el resultado de la identificación previa de una necesidad, mediante la evaluación y detección de un estado de mejora en la organización empresarial.

Podrán haber sido realizadas a través de procesos promovidos por la propia empresa o bien a través de iniciativas similares desarrolladas en otras empresas del sector. No son una acción puntual de un día, sino que se realizan a lo largo del tiempo continuamente, y tienen carácter de permanencia en la empresa.

Un signo que las caracteriza es que para su desarrollo el papel de las personas de la propia organización es clave: las buenas prácticas están pensadas por sus miembros desde el primer momento en el que nace una idea y son la expresión de la acción de agentes pertenecientes a la organización, quedando relegados los expertos externos, si fuera el caso, a un nivel secundario.

Un factor crítico de éxito revelado en las distintas buenas prácticas de este estudio es el apoyo de los órganos de dirección, que deben no solamente liderar e impulsar el proceso de cambio, sino también respaldarlo permanentemente poniendo medios para su ejecución. Dar ejemplo aparece así como un elemento fundamental de la acción ejecutiva. En otras palabras, la dirección de la empresa, con su implicación directa, debe evidenciar su compromiso con la buena práctica.

Las buenas prácticas deben estar documentadas, sistematizadas, y descritas en procedimientos. Así, podrán servir más fácilmente de referente a otros, de manera que pueda trasladarse el conocimiento y el modelo a otra organización interesada que desee aprender y pueda adoptarla. El efecto positivo del contagio de algo intrínsecamente bueno queda de esta manera asegurado.

Para la organización de este catálogo hemos distinguido el impacto de las buenas prácticas en cinco áreas diferenciadas: en primer lugar, en los clientes, siendo el eje alrededor del cual gira la actividad de las empresas, en la medida en que las buenas prácticas contribuyen a satisfacer sus necesidades y expectativas sobre el producto o servicio ofrecido en el mercado; en la propia sociedad, por la contribución positiva de las buenas prácticas a los estándares de bienestar allí en donde están localizadas; en la gestión diaria de la empresa, por lo que puedan aportar a la eficacia de la gestión empresarial con expectativas de eficiencia económica, sean las empresas grandes o pequeñas y medianas; en los recursos humanos, área de las más sensibles de la organización empresarial, directamente vinculada a la mejora de la productividad del trabajo siendo las buenas prácticas una fuente clara de productividad, según confirman distintos análisis económicos; y por último, por su impacto en la ciudad en la cual está localizada la empresa, contribuyendo directa e indirectamente a una imagen positiva a los ojos del resto del mundo que la observan.

A través de estos efectos positivos sobre la gestión, las personas, la sociedad, los clientes y la ciudad, las buenas prácticas de las empresas que han participado en este estudio están contribuyendo en suma, directa e indirectamente, al bienestar de los ciudadanos madrileños, y por ende, a la proyección internacional de la propia ciudad. Se hace evidente que en un contexto de globalización, no sólo de la actividad de las empresas sino también de la sociedad que configura su entorno más inmediato, las ciudades no escapan a esta corriente, ciudades altamente vinculadas con sus empresas, cada vez más internacionalizadas. No podemos olvidar que la internacionalización empresarial es un proceso imparable e irreversible. En el lado positivo de la balanza, se ha hecho mucho, si bien queda aún camino por recorrer. Y esta constatación es igualmente extensible a la ciudad de Madrid.

Las buenas prácticas de las empresas aparecen así como una excelente tarjeta de presentación de la ciudad potenciando su internacionalización. Por todo ello, ¿Qué mejor forma de dar a conocer las excelencias de Madrid a través de sus empresas y sus buenas prácticas? Y por añadidura, ¿Qué mejor forma de dar a conocer la actividad y excelencia de las empresas a través de un modelo de ciudad como es Madrid? Este original estudio, sobre el cual no existen antecedentes en ninguna ciudad a nivel mundial, pretende dar respuestas a estas dos preguntas, teniendo la vocación de ser un instrumento de promoción útil no sólo para la ciudad sino también para sus empresas.

Queremos finalmente agradecer a las empresas su participación en esta iniciativa del Foro de Empresas por Madrid, y en especial a los equipos responsables, que generosamente han prestado su colaboración al Ayuntamiento y a la Cámara de Comercio de Madrid para el buen fin del proyecto.